martes, 28 de agosto de 2007

MUJERES Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA

BREVE RESEÑA DE LA HISTORIA DE LUCHA POR LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA DE LAS MUJERES.

La lucha por los derechos políticos de las mujeres en el mundo, ha sido larga y compleja, abarca varios siglos, en los que las mujeres construyeron un espacio de participación no solo con ideas, sudor y lágrimas, sino incluso con la vida, como fue el caso destacado de Olimpe de Gouges, revolucionaria activa de la Revolución Francesa que escribió los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, en 1791, y exigió que sus compañeros revolucionarios los incluyeran en los derechos del ciudadano, audacia por la cual fue guillotinada dos años después, por sus compañeros que la acusaron de "haber abandonado las virtudes propias de su sexo".

Las mujeres inglesas pusieron también su cuota de lucha y, en 1792, Mary Wollstonecraft escribió "La reivindicación de los derechos de la Mujer". Las sufragistas incendiaron casas, asaltaron a miembros del Parlamento, colocaron bombas, desarticularon comunicaciones y no dieron su brazo a torcer a pesar de las múltiples entradas a la cárcel, en donde realizaron huelgas de hambre. Ghandi aprendió de ellas los métodos de la desobediencia civil.

En 1833, en Filadelfia, EEUU, las mujeres ilustradas luchaban por la erradicación de la esclavitud, siendo rechazadas por los terratenientes y la iglesia conservadora, así descubrieron su propia discriminación y terminaron defendiendo sus derechos civiles y políticos. En 1848, se realizó la primera convención de los Derechos de la Mujer en Séneca Falls, Nueva York, Pero solo, en 1920, pudieron votar las mujeres estadounidenses. Y podríamos enunciar una lista interminable de luchadoras en diversos países, por los derechos políticos y económicos como Flora Tristán, Louise Michel (la virgen Roja), Alejandra Kollontay, Clara Zetkin, Inesa Armand, Rosa Luxemburgo, y muchas otras, que todavía no aparecen en la historiografìa.

En Ecuador, tenemos también a varias pioneras de la participación política: Marieta de Veintimilla, más conocida como la generalita, por su participación en la defensa de la dictadura de su tío, llegó a ser una importante ensayista y la primera que escribió un estudio sociológico sobre el Ecuador, además de otros escritos que la revelan como una mujer de gran agudeza política, que en aquella época rechazaba el fanatismo religioso imperante.

Corría el año de 1883 cuando doña Joaquina Galarza, pequeña propietaria, vendía su casa en Guaranda para apoyar a un grupo de jóvenes insurgentes, entre los que estaban varios miembros de su familia, contra la dictadura de Veintimilla. Un grupo de cinco valientes mujeres bolivarenses: Joaquina Galarza, Felicia Solano de Vizuete, Leticia Montenegro de Durango, Dolores Vela y Tránsito Villagómez declararon defenestrado a Veintimilla y designaron a Eloy Alfaro nuevo Jefe de la República.

El 17 de abril, se produce el combate de San Miguel, entre los reivindicadores del honor nacional y las fuerzas conservadoras gubernamentales y allí está doña Joaquina apoyando a su brigada liberal de jóvenes. Las cinco bolivarenses ya mencionadas donan sus bienes para apoyar la lucha de Alfaro y se convierten en fieles propagandistas y multiplicadoras de la Revolución liberal. Por ello son satanizadas y excomulgadas por la Iglesia Católica.
La riosence Matilde Gamarra, conocida afectuosamente como la “ñata Hidalgo”, esposa, hermana y madre de destacados revolucionarios de la época de las montoneras liberales, en su doble condición de propietaria y mujer de ideas avanzadas, apoyó con personal y recursos económicos a Eloy Alfaro, en sus diversas campañas por la libertad. La casa de María Gamarra, fue el centro de las conspiraciones liberales en Guayaquil. Ayudó a la Revolución con su dinero, pero también con una inusual habilidad política que le hacía granjearse la confianza de los de arriba y de los de abajo.

De similar tipo fue la participación de las manabitas Filomena Chávez y Sofía Moreira de Sabando, pequeñas propietarias campesinas del norte de Manabí, quienes se pusieron al frente de sus familiares y trabajadores para constituir una montonera alfarista de gran combatividad. Como resultado de ello, Filomena fue ascendida por Alfaro al grado de Sargento Mayor y más tarde al de Coronela efectiva del ejército nacional, grado con el que se retiró luego a la vida civil. Años más tarde, durante la amenaza de invasión peruana de 1910, Filomena organizó nuevamente un batallón de macheteros y marchó con él a la frontera.

Otra destacada luchadora liberal fue la esmeraldeña Delfina Torres de Concha. “Se cree que fueron estas mujeres, las montoneras, las que presionaron a Alfaro para que en el texto de la Constitución de 1897 se suprimiera el término de varón al hablarse de ciudadanía.” Este texto permitió a Matilde Hidalgo Navarro exigir el derecho al voto.

Como producto de la transformación liberal, surgen nuevas mujeres que lucharán por la participación política. A Matilde Hidalgo Navarro, se la considera precursora de la consecución del voto de las mujeres ecuatorianas. Lojana, nacida en 1889, séptima hija de una familia liberal, comandada por doña Carmen Navarro del Castillo, una viuda que se dedicó a la costura, una de las pocas profesiones permitidas en ese entonces a las mujeres para sacar adelante a sus hijos. Matilde protagoniza una hermosa historia de tenacidad al luchar sin cuartel para poder estudiar el bachillerato no permitido a las mujeres, y la carrera de medicina que tuvo que realizar en dos partes y en dos universidades, en Cuenca y Quito, venciendo las duras discriminaciones de la época.

En 1924, se impone un nuevo reto: votar, y una vez más se encuentra en el ojo de la tormenta. Vuelve a ser la comidilla de los chismes, de los ataques, de la descalificación, pero ella se sobrepone, ha aprendido bastante acerca de la fragilidad de los seres humanos y sabe que en algún momento verá cumplidos sus sueños.

Para 1928, este voto es ratificado oficialmente por el Presidente Isidro Ayora, quien envía la Ley a la Asamblea Constituyente y en 1929, el Ecuador pasa a ser uno de los primeros países de Latinoamérica en otorgar el voto a las mujeres.
Sin embargo, ese derecho era opcional y, solo regía para mujeres letradas, por ello, fueron muy pocas las que lo ejercieron, y no se convirtió en obligatorio sino hasta 1978, en que se fija la edad de 18 años como el límite inicial para el ejercicio de este derecho, que incluyó también a la población analfabeta, derrumbando así una de las fronteras de la discriminación genérica y cultural más hondamente arraigadas en nuestro país. A partir de allí, el derecho de sufragio empezó a ser ejercido por las mujeres, no así el otro derecho consustancial, el de las mujeres a ser elegidas, que no se cumplía con equidad.

A pesar de ello, Matilde será Concejala principal de Machala. Directora de los centros de salud, Primera Diputada principal por la Provincia de Loja al Congreso Nacional (1941), pero el Frente político le robó la principalía. Así será primera Congresista del Ecuador, elegida por votación popular, pero ejercerá como suplente.

Por influencia de las nuevas ideas liberales, se desarrolla un grupo muy interesante de mujeres, fundamentalmente educadoras, que abrirán caminos para mejorar las condiciones de vida de sus congéneres y del país: Este es un momento fundacional de la ciudadanía femenina. Así tenemos a Rita Lecumberri Robles (poeta guayaquileña), Lucinda Toledo (quiteña), Mercedes Elena Noboa Saá (quiteña) y María Luisa Cevallos (primeras egresadas del Normal de señoritas que inauguró Alfaro en 1901). Dolores J. Torres (cuencana) quien fundó una escuela en su casa y formó la Liga de maestros del Azuay (1922).

Otras, impulsarán el periodismo y nuevas visiones acerca de los roles femeninos: Zoila Ugarte de Landívar (machaleña) y Rosaura Emelia Galarza Heyman (guarandeña) serán las pioneras del feminismo temprano de principios del s. XX. Zoila, escritora y bibliotecaria, es crítica e incisiva con la prepotencia de los gobiernos, funda la Revista "la Mujer" (1905), en donde se declara feminista y denuncia la discriminación y marginación de las mujeres de su época. Rosaura ejerce la docencia en Guayaquil, funda la revista Ondina del Guayas (1907-10), en Quito, en 1917, funda la revista Flora que dura dos años, en los que se editan 12 números, es la más importante revista feminista de la época. También escribió varios libros sobre la educación de la mujer.

María Angélica Idrobo, nace en San Pablo del Lago (Imbabura). Alfaro le concede una beca por su inteligencia, para la escuela normal Manuela Cañizares y esto determina una persecución de la Iglesia que la obliga a viajar con su familia a Quito, donde conoce a Zoila Ugarte y se convierte al feminismo y fundan la "Sociedad Feminista Luz de Pichincha", posteriormente forman el grupo "Alas" que publica una revista con el mismo nombre. Funda el Liceo de Señoritas Simón Bolívar.

En Guayaquil (1918), María de Allieri y Clara Potes de Freile crean el Centro "Aurora" y producen una publicación pionera: "La Mujer Ecuatoriana". Surgen al mismo tiempo organizaciones que persiguen reivindicaciones laborales para la mujer obrera, muchas mujeres se integran a los nuevos partidos comunista y socialista y otras empiezan a formarse en la universidad.

En la década de los 30 se destaca Nela Martínez, (nacida en 1912) quien llegó a ser miembro del Comité Ejecutivo y del Comité Central del Partido Comunista, del Buró de Alianza Democrática Nacional, que reunió a los partidos que derrocaron el gobierno de Arroyo del Río, el 28 de mayo de 1844. Nela Martínez asumió el Ministerio de Gobierno por tres días hasta la llegada del Dr. José María Velasco Ibarra al poder y, habiendo entrado como diputada suplente, fue principalizada por algún tiempo, en el congreso Extraordinario de 1945 como representante de la clase trabajadora. Es considerada, pues, la primera diputada principal del Ecuador.

En este mismo período encontramos a otras destacadas luchadoras sociales como Hipatia Cárdenas, Luisa Gómez de la Torre, Raquel Verdesoto, Virginia Larenas, en Quito y Ana Moreno, Isabel Herrería, Corina Hidalgo, Alba Calderón entre muchas otras en Guayaquil. Dolores Cacuango y Tránsito Amaguaña serían las promotoras y dirigentas de la Primera Federación Ecuatoriana de Indios.

LAS MUJERES A PARTIR DE LA SEGUNDA DÉCADA DEL SIGLO XX

En las últimas décadas, el concepto de Democracia está muy ligado al de participación política y ha estado relacionado estrechamente con las formas en que las sociedades han desarrollado mecanismos de inclusión o exclusión de sus ciudadanos/as en el ejercicio de sus derechos. Y desde luego, el concepto de Democracia está hoy en día muy identificado con el concepto de género, en razón de que el Movimiento de Mujeres, desarrollado desde hace cuatro décadas, posicionó un debate público acerca de los contenidos reales y formales de la Democracia y una denuncia frontal de las prácticas consuetudinarias de exclusión de las mujeres de las instancias de decisión política, de planificación y dirección estatal, de los espacios de dirección en los partidos políticos, movimientos sociales y otras instancias del ámbito público y privado.

En Ecuador, la gran mayoría de los derechos políticos de las mujeres han sido conseguidos, a lo largo del siglo XX, y principios del XXI, aunque de manera incompleta. En 1929, el Ecuador fue el primer país de América Latina, en reconocer el derecho al sufragio femenino, y lo consiguió antes que otros países europeos como: España (1931), Francia e Italia (1945), China (1947), Canadá (1948), India (1949), Japón (1950), Méjico (1953), Egipto (1956) y Suiza (1971).

A pesar de ser pioneras en el voto, en Ecuador, todos los partidos políticos han sido dirigidos tradicionalmente por varones. En 1989, había una mujer entre 15 hombres directores de partidos. En 1996, dos mujeres lideraban los partidos de independientes que ayudaron a crear: Rosalía Arteaga por el MIRA y Monserrat Butiñá por el Mov. Fuerza Independentista Azuaya. En el 2006, se eligió a Guadalupe Larriva como presidenta del Partido Socialista, maestra y luchadora social, que como todos/as sabemos, fue también la primera Ministra de Defensa, cargo por demás efímero, debido a los errores cometidos por los militares que, produjeron la catástrofe aviatoria, en la que murió.

La primera vicepresidenta electa fue Rosalía Arteaga, por el PRE, partido de corte populista. Sin embargo, cuando le tocaba suceder a Abdalá Bucaram en la presidencia de la República, una trampa típica de la política patriarcal le impidió ocupar el sillón de Carondelet.

La primera y única presidenta del Congreso Nacional ha sido la Diputada socialcristiana, Susana González, combatida y destituida por su propio partido, 22 días después. La primera vicepresidenta del Congreso y luego primera Ministra de Relaciones Exteriores fue una destacada mujer y lideresa indígena; Nina Pacari.

La primera candidata a presidenta de la República fue Cyntia Viteri, por el PSC en las últimas elecciones y se rumoraba que mientras tanto su propio partido negociaba por debajo de cuerda un apoyo a Noboa.

"En la última década, la incorporación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida política del país ha sido significativa. De un 5.3 por ciento en 1998 pasó al 24.8 por ciento en 2000. Mientras el 13,2 por ciento de los miembros electos al Congreso en las elecciones de 1998 eran mujeres (16 de121 legisladores), este número aumentó a mas de 20 por ciento en 2000, cuando más mujeres suplentes llegaron a ser titulares, tanto con carácter permanente como esporádico. Además se debe destacar que en el período 1998-2000 una mujer indígena fue elegida vice-presidente del Congreso y en agosto de 2000, por un corto período, una mujer no indígena fue elegida presidente del Congreso Nacional. En las elecciones de 2002, 17 de los 100 sillones legislativos (17%) fueron ganados por mujeres, con 19 mujeres suplentes. Este avance en el nivel de la participación de la mujer en el Congreso obedeció, en parte, a tres reformas legales impulsadas por el movimiento de mujeres:

1. La Ley de Amparo Laboral de 1997 que estableció un cupo mínimo del 20 por ciento para la participación de las mujeres en las listas pluripersonales en las elecciones para diputados nacionales y provinciales que tuvo lugar el 30 de noviembre de 1998.

2. La Reforma Constitucional de 1998 que contempla la participación equitativa de hombres y mujeres en los procesos electorales (artículo 102).

3. La reforma a la Ley de Elecciones o Ley de Participación Política de 2000 que fijó cuotas en grados ascendentes del cinco por ciento en cada proceso electoral, a partir de un mínimo de 30 por ciento, hasta llegar a la representación equitativa del 50 por ciento.”

ALGUNOS IMPEDIMENTOS PARA EL EJERCICIO DEL DERECHO A LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA DE LAS MUJERES.

Uno de los más importantes impedimentos de las mujeres para el ejercicio de su derecho a la participación política ha sido la tradición cultural patriarcal cargada de prejuicios y discriminaciones sobre la condición femenina. Las clases dominantes y la sociedad en su conjunto han descalificado permanentemente a la mujer como sujeta política, relegándola siempre al ámbito de lo doméstico y privado. De igual modo, hasta hoy, en la mayoría de los hogares existe rechazo a la participación de las mujeres en un partido político o movimiento social, o como candidata a una designación pública. En la mayoría de los casos, la dependencia económica de la mujer, respecto del esposo o conviviente hacen imposible su participación política en el ámbito público.

La “Ley de Cuotas” conseguida con la movilización de las mujeres organizadas se aplicó desde el año 2000 con permanentes trampas del Tribunal Supremo Electoral, TSE, que en contubernio con los partidos políticos elaboraba reglamentos que burlaban el contenido de la Ley, impidiendo sistemáticamente la aplicación de la alternabilidad y secuencialidad y recién en las presentes inscripciones de los partidos y movimientos para las próximas elecciones a la Asamblea Constituyente hemos logrado que por primera vez se exija la presentación de listas con equidad numérica, alternabilidad y secuencialidad.

Una de las razones que se han esgrimido para impedirnos el ejercicio de este derecho es el de que las mujeres no estamos lo suficientemente preparadas para participar en las contiendas políticas. Sin embargo, en las últimas décadas, el nivel educativo de las mujeres avanzó considerablemente y en la actualidad, constituimos el 49% a nivel primario y el 50.1% a nivel medio, mientras que los hombres ocupan un 49.2%, en este nivel. Ha aumentado de manera considerable la demanda de matrícula en carreras universitarias y medias y en varias facultades la matrícula es paritaria y los profesores señalan que sus alumnas son mejores estudiantes que los varones.

Desde luego subsisten grandes problemas de discriminación en el campo educativo, en relación a los contenidos docentes que todavía reproducen las relaciones de inequidad económica, social y política de las mujeres y también se mantienen graves desigualdades regionales. Por ejemplo la brecha entre el campo y la ciudad es gigantesca y todavía un 23% de mujeres del campo son analfabetas, en relación a un 16% de hombres rurales.

Se han hecho esfuerzos desde el Estado y con la participación del Movimiento de Mujeres y ONG y para la constitución de una Red pro-equidad de género y el desarrollo de un programa de sensibilización sobre "Escuela y equidad de género" a los educadores del Plan Nacional de Capacitación sobre la Reforma Curricular (MEC). Ciertamente, en el ámbito de la educación universitaria y en el de la educación técnica, estos "esfuerzos todavía son aislados y de escaso impacto".

Un tercer aspecto, nos señala que, las mujeres tenemos miedo de participar en la política por múltiples razones: de un lado, el temor a la competencia brutal que imponen los varones desde una experiencia de vieja data, en la que se mezclan las ambiciones personales, las componendas y los arreglos no muy ortodoxos con los financiadores de las campañas. Un ejemplo fehaciente de estos arreglos incómodos y de graves consecuencias fue la graciosa y millonaria "donación" del banquero Aspiazu a la campaña de Jamil Mahuad, con los graves efectos que tuvo para su gobierno y para los ecuatorianos.

De otro lado, las mujeres hemos señalado el rechazo a la práctica de formas populistas del trabajo político, por parte de algunos partidos, que han desarrollado comportamientos viciados y no éticos en su militancia y en los posibles adherentes a las candidaturas, en el sentido de no privilegiar la formación ética, cívica y política para el libre y responsable ejercicio de la ciudadanía, sino que han creado sistemas de cacicazgo y compadrazgo para "amarrar" los votos de las personas, que por ofrecimientos mínimos y demagógicos apoyan a un candidato o a otro.

Las feministas que luchamos por incluir en la Constituyente de 1998, nuestros derechos específicos, hemos propugnado por una forma diferente de hacer política, basada en:
1) Transparencia en las negociaciones políticas, en donde predominen las decisiones tomadas por consenso entre militantes y adherentes;
2) Ética en las negociaciones de campaña, sin trampas posteriores para los electores;
3) La difusión permanente de logros y dificultades y trabajo mancomunado con los electores para el cumplimiento del plan de gobierno.
4) Rendición de cuentas y sanción, incluso con la destitución, en el caso de no haber cumplido con la transparencia y ética, requeridas, en las funciones asignadas.
5) Impulsar una visión que conlleve el enfoque y la perspectiva de género en todos los ámbitos de la vida pública y privada del país.

Falta un largo camino de cambios estructurales del Estado ecuatoriano, empezando por desechar el modelo neoliberal que tanto daño ha hecho a la mayoría de la población, recuperar nuestros recursos estratégicos, hacer reformas políticas al sistema de partidos, al Tribunal Supremo Electoral, al Tribunal Constitucional, al Congreso, a los organismos de control, transformaciones que esperamos realizar en la próxima Asamblea Constituyente, en la que ojalá podamos tener una alta participación de mujeres y hombres preparados/as y convencidos/as de los grandes cambios que requiere el Estado Ecuatoriano, cambios profundos que configuren un país nuevo, solidario, incluyente, equitativo, para todos y todas.